La sala de juntas del piso cuarenta había adquirido la atmósfera de un tribunal esperando veredicto. Los cuarenta accionistas ocupaban sus lugares con expresiones que variaban desde la impaciencia hasta el miedo mal disimulado, todos conscientes de que las siguientes horas decidirían el destino de miles de millones de pesos y cientos de empleos. Ximena podía sentir la tensión presionando contra su piel como una entidad física mientras tomaba asiento junto a Sebastián en su extremo de la mesa expandida.Damián seguía en la cabecera con esa sonrisa de satisfacción que había llevado durante toda la reunión, aunque Ximena notó cómo sus ojos rastreaban cada movimiento de Sebastián con cautela renovada. Ricardo Salazar, Fernando Aguirre y Mariana Cortés estaban agrupados cerca de él, formando un frente unido que aho
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