Fernando Aguirre, cuando Sebastián le presentó la pregunta sobre movimientos inusuales en posiciones de inversionistas minoritarios, tardó exactamente dos días en responder.
No porque la pregunta fuera difícil de entender. Sino porque dos días era el tiempo que necesitaba para revisar los registros con la minuciosidad que su trabajo requería antes de decir algo que no pudiera sostener con evidencia.
El resultado llegó un martes por la mañana en un correo con tres archivos adjuntos.
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