Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl silencio en la oficina de Sebastián tenía la cualidad densa de las confesiones a punto de desmoronarlo todo. Fernando Aguirre permanecía sentado en la silla frente al escritorio de ébano con los hombros hundidos, las manos entrelazadas sobre su regazo, y una expresión en el rostro que Ximena no sabía si interpretar como culpa genuina o actuación magistral.







