Narra Kaia Caminé hacia la plaza con pasos deliberadamente lentos, forzándome a respirar de manera constante a pesar del martilleo de mi corazón contra mis costillas.La plaza estaba moderadamente llena para ser las tres de la tarde. Personas caminando de un lado a otro, comprando en los puestos del mercado o sentadas en los bancos disfrutando del sol.Encontré un banco cerca del centro, exactamente donde habíamos planeado, y me senté. Aparentemente relajada, sola y vulnerable. El cebo perfecto.Los minutos pasaron lentamente. Quince, treinta, cuarenta y cinco... Observé a las personas moverse por la plaza, completamente ajenas a que una Sifón estaba sentada entre ellas. Una niña pequeña corrió cerca de mi banco, riendo mientras su madre la perseguía. Un vendedor pregonaba sus frutas en la esquina. Vida normal, una vida que yo nunca había podido tener.Una hora completa y entonces lo sentí... Un cambio en el aire, sutil pero inconfundible. Como la electricidad antes de una tormenta.
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