Narra Kaia La puerta explotó. No se abrió, explotó. Madera y metal volando hacia adentro en una explosión de poder puro que hizo temblar las paredes. Nox estaba en el umbral, pero no era el Nox que conocía. Los cuernos habían emergido. Negros, curvados desde su cabeza, con ese brillo oscuro que parecía absorber la luz. Las alas se desplegaron detrás de él, enormes extensiones de plumas negras que llenaron todo el espacio disponible. Sus ojos ya no eran oscuros. Eran azul eléctrico, brillando con una intensidad que dolía mirarlos directamente. Y su rostro... No había glamour, ni contención. Solo furia pura y absoluta. Kael me soltó instantáneamente, dando un paso atrás pero no fue suficientemente rápido. Nox cruzó la distancia entre ellos en menos de un segundo. Su mano se cerró alrededor del cuello de Kael y lo levantó del suelo como si no pesara nada. —¿Quién —dijo Nox, y su voz era diferente también, más profunda, con un eco que hacía vibrar el aire— te dio permiso de tocarl
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