En cuanto la puerta se cerró, Xander apretó el puño con fuerza. Las palabras de su investigador privado seguían resonando en su mente, como una condena de la cual no podía deshacerse:—No hay dudas, señor. El bebé es suyo —le había dicho el hombre, luego de enviarle un documento que comprobaba el parentesco.—Haz la prueba en otro hospital —ordenó al segundo, negándose a creerlo.—Como ordene.La llamada fue colgada y él lanzó su celular contra la pared, dejándolo inservible.Luego de eso, había abierto una botella de whisky y se la había empinado hasta que el líquido se derramó por la comisura de sus labios, manchando su camisa blanca, el suelo y todo a su paso; pero siguió bebiendo sin descanso, casi ahogándose con el contenido, mientras los ojos le ardían de nuevo.Gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas mientras se decía a sí mismo que no, que Elena no había hecho eso, pero nada parecía poder contener el dolor en su pecho. Le gustaba la idea de tener una familia con ella. La a
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