En la mansión Thorne, Victoria acababa de recibir una visita que venía directamente del aeropuerto.—Querida, por fin llegaste —sonrió la mujer mayor, triunfante, mientras hacía pasar a la recién llegada.En otras circunstancias, ella no se habría encargado personalmente del recibimiento —para eso tenía empleados—, pero esta mujer no era cualquier persona. Era su salvación justo ahora y, a la vez, una medida desesperada.Años atrás, Claudia había sido novia de su hijo, Xander. Ambos duraron varios años de relación; incluso llegó a pensar que en un futuro llegarían a casarse, ya que su hijo parecía muy enamorado, pero la joven un día anunció que tenía que irse a vivir a otro país, dejando a Xander con el corazón destrozado.Ahora, con su regreso, confiaba en que los sentimientos pasados volverían a florecer. Ella había sido testigo principal de lo apasionada e intensa que había sido aquella relación. Nada que se comparara con lo que había tenido con Carlotta Bianchi ni con ninguna otra
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