—¿Te gusta, mi amor? —fue la pregunta que le hizo Julieta a su hija en cuanto cruzaron la puerta del departamento.
La niña dio un vistazo a la estancia y una sonrisa se asomó en sus labios, aunque fue demasiado fugaz. Por un momento, temió que la razón de su desánimo se debiera a la decoración del sitio. Ella no había tenido tiempo de decorarlo; era la primera vez que pisaba ese lugar. Pero Brandon se había encargado de que una persona viniera a limpiar y organizara todo, así que, en resumidas