POV JADEEl aire en el coche se volvió denso, pesado, casi irrespirable. Sin el peso de la obsidiana en mi cuello, mi verdadera naturaleza estaba reclamando cada centímetro de mi cuerpo con una violencia que me dejó sin aliento. El atacante, ese estúpido que Brooks había enviado para marcar territorio, retrocedió tambaleándose. Su rostro, oculto tras el pasamontañas, mostraba algo que yo no había visto en cinco años: miedo puro.Él era un beta. Y yo, aunque me hubieran tratado como basura, no era una omega común.—¡Muérete! —gruñí. Mi voz ya no era humana; era un sonido gutural que vibró en mis costillas.Lancé un zarpazo ciego a través de la ventana rota. Mis uñas rasgaron la tela de su chaqueta y la carne de su brazo. Él soltó un alarido y huyó hacia la oscuridad del estacionamiento, dejando un rastro de sangre y el eco de sus pasos apresurados.Me quedé sola, jadeando, con el pecho subiendo y bajando mientras mis sentidos se agudizaban hasta el dolor. Podía olerlo todo: el caucho q
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