Nora—Esto es…—Uno de los últimos puestos de vigilancia de la manada. Pero, por supuesto, no lo hice solo. Ágata, Aristides y varios más me ayudaron.Había flores en la entrada, velas y hasta una mesa con sillas, una hoguera y más. Salía humo de la chimenea y las ventanas tenían cortinas blancas. Es una especie de cabaña rústica, pero…—Es maravillosa —dije contenta.—Sé que es poco para lo que tú has tenido… —indicó preocupado. —No soy una princesa.—Para mí lo eres. Una guerrera de una gran ciudad, la hija de un alfa…—Una hija no muy respetada. Y, si bien en la ciudad había maravillas, aquí hay algo que nunca tuve: el amor de un mate —susurré, y creí escuchar a Iker ronronear. Él se limpió los pies en la entrada y, con un paño, limpió los míos con cuidado. Solo ahí, en la entrada, me bajó. El lugar era acogedor, como una casita de ensueño.—Por fin solos… Debía haber elegido ese lugar alejado de todo para poder ser realmente nosotros mismos.—Por fin… —respondió, y se acercó a b
Leer más