Cuando Thomas miró la botella, y vio que había bebido más de la mitad, dejó el vaso encima del escritorio. Exhaló hondo y salió de la biblioteca rumbo a la habitación. Subió las escaleras con pasos firmes y con la determinación de que lo que iba a hacer, era algo que debió haber hecho desde un principio. No estaba ebrio; al contrario, se sentía sobrio como nunca antes. El licor que había ingerido no le había nublado la mente, sino que, por el contrario, se la había aclarado. Acababa de tomar una decisión propia, sin la presión de un contrato, sin remordimientos y, sobre todo, por dignidad.No se detuvo a pensar. No esta vez.Al abrir la puerta, encontró a Alice en la cama. Parecía estar dormida o eso le hizo creer. Sin embargo, eso ya no le importaba. De haberla encontrado despierta habría hecho exactamente lo mismo. Ya no era el Thomas de siempre, ya no. Se dirigió directamente al armario. Abrió las puertas. Sacó una maleta y comenzó a empacar.El sonido de la ropa al ser la
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