Sin identidad...
Cuando Thomas miró la botella, y vio que había bebido más de la mitad, dejó el vaso encima del escritorio. Exhaló hondo y salió de la biblioteca rumbo a la habitación. Subió las escaleras con pasos firmes y con la determinación de que lo que iba a hacer, era algo que debió haber hecho desde un principio.
No estaba ebrio; al contrario, se sentía sobrio como nunca antes. El licor que había ingerido no le había nublado la mente, sino que, por el contrario, se la había aclarado. Acababa de tomar