Me senté en la cama después del acto, listo para levantarme, pero sentí unas manos abrazando mi torso por detrás.–Fuiste maravilloso como siempre, no recuerdo la última vez que alcancé un orgasmo así. Quiero esto todos los días a partir de ahora– dijo Carla, apoyándose en mi espalda.Ella siempre fue adicta al sexo, siempre arrastrándome a tener relaciones en lugares extraños y públicos, y yo, joven y sin memoria de nada, pensé que siempre había sido así. Al principio me parecía excitante, hasta que empezó a cruzar límites como una depravada sexual, y comprendí que se trataba de una obsesión suya. Me preguntaba cómo pude enamorarme de una mujer tan vulgar.–Ya tuviste lo que querías, ahora trae a Dália––No tan rápido, querido, todavía no…–Me giré bruscamente y sujeté las muñecas de Carla por encima de su cabeza, sobre el colchón, y con la otra mano apreté su cuello, completamente dominado por la rabia.–Deja de poner a prueba mi paciencia, dime de una vez dónde está Dália–Carla so
Leer más