Mansión Livingston. Para Máximus, lo que debió haber sido el despertar de una noche pasional tras haber recuperado a su esposa, se ha transformado en un martirio silencioso. Sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño, recorren la habitación vacía antes de obligarse a bajar. Ha tenido que aceptar esta amargura, una decisión que le quema las entrañas, con la única esperanza de que Rosie, en algún lugar de su dolor, comprenda algún día el porqué de este sacrificio.Cuando llega al comedor, la escena le revuelve el estómago. Aria está sentada en la cabecera, ocupando el lugar que por derecho le pertenece a Rosie. Desayuna con una parsimonia irritante mientras lee el periódico de sociedad. En la portada, una fotografía de ellos dos de hace mucho, se lleva todos los titulares: “El regreso del heredero: Máximus Livingston y Aria, ¿la unión definitiva?”—Mira, futuro esposo —dice Aria sin levantar la vista, —. Están hablando de nosotros. Lo más maravilloso es que dicen que Rosie Harper no
Ler mais