Al oír su propio nombre resonando por los altavoces de "Aurea Fashion", el mundo parece ralentizarse. Los flashes de los paparazzis ahora se concentran en ella. Rosie se detiene en seco al inicio de la pasarela; siente que las piernas le pesan y que el corazón se le va a salir del pecho. El miedo, ese viejo conocido, la invade de tal manera que jura que no podrá dar ni un solo paso.—Vamos, nena, camina. Debes lucirte, es tu momento —le susurra Luki desde las sombras de los bastidores, con una urgencia que roza la desesperación.—No... no puedo, Luki —balbucea ella. Está agitada, su pecho sube y baja, bajo la seda del vestido maestro.Es entonces, como si el destino interviniera, su mirada se cruza con la de su esposo. Máximus está allí, en primera fila, literalmente impactado. Su máscara de frialdad se ha agrietado por completo, dejando ver a un hombre anonadado por la visión de la mujer que tiene por esposa.—Demuestra quién eres, la Livingston. Cállales la boca a todos, Rosie. E
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