Capítulo 133. Primera respiración.
Minutos más tarde, el bisturí de acero cortó la piel pálida de Lidia.Una línea roja y recta apareció en la parte baja de su abdomen. La sangre brotó de inmediato. Resbaló por sus costados hacia los paños quirúrgicos azules.El cirujano no se detuvo. Su pulso era firme. Rápido. Exacto.—Succión —ordenó el médico.La enfermera acercó un tubo de plástico transparente. El aparato hizo un ruido fuerte al aspirar la sangre y los fluidos. El líquido rojo oscuro llenó un recipiente de vidrio en la esquina de la unidad móvil.Lidia estaba inconsciente. Completamente sedada. Un tubo de plástico grueso salía de su boca, conectado a la máquina de anestesia. Un fuelle de goma subía y bajaba rítmicamente. La máquina respiraba por ella.Al otro lado de la pesada puerta de metal, Claritza esperaba.Mantenía los brazos cruzados. Sus dedos se clavaban en sus propios bíceps con tanta fuerza que sus nudillos estaban completamente blancos. No parpadeaba. Sus ojos oscuros recorrían la puerta cerrada de un
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