DAMIANLa besé y fue el error más estúpido de mi vida.No fue un beso lento y tierno, fue un choque de trenes, aplasté mi boca contra la suya porque necesitaba callar el ruido en mi cabeza y porque maldita sea, tenía unas ganas de probarla que me estaban matando; ella no me empujó en cambio soltó un gemido ahogado y se agarró a mi camisa como si se estuviera cayendo.Por tres segundos se me olvidó todo, el luto, la promesa, la casa, solo sentía su boca caliente y viva, pero abrí los ojos y ahí estaba, la foto de Elena en la mesita de noche, mirándome.Me separé de golpe, como si me hubiera quemado y retrocedí hasta chocar con el borde de la cama, respirando como si hubiera corrido un maratón, Isabella se quedó ahí parada, con la boca roja e hinchada, mirándome sin entender nada.—Esto no pasó —solté. Mi voz sonó horrible, rasposa.—Damián...—¡Dije que te olvides de todo! —Me pasé la mano por la cara, me sentía una basura. Había metido a otra mujer en este cuarto y había roto lo único
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