ISABELLA
El sonido de los cubiertos contra la porcelana era lo único que se escuchaba en el comedor, Damián estaba en la cabecera leyendo correos en su celular y tomando café negro, ignorándome como si fuera una silla más.
Valeria no había bajado, así que no tenía escudo.
—Espero que no hayas olvidado lo de esta noche —soltó Damián sin levantar la vista, con la voz seca y de mando.
Dejé mi taza de té con cuidado.
—No tengo amnesia Damián, la Gala de la Fundación de la que me avisaste anoche.
—B