Helen Bennett
El día pasó en un abrir y cerrar de ojos. Entre responder correos, revisar documentos y evitar pensar en Ethan, apenas me di cuenta de cuándo llegó la noche. ¿Y ahora? Estaba de pie frente al espejo, lista para salir. Giré de un lado a otro, observando el vestido negro ajustado que Zoe me había obligado a usar. El espejo no mentía: el vestido abrazaba cada curva de mi cuerpo, destacaba mi piel y me dejaba peligrosamente expuesta.
—Hoy quiero sentirme poderosa —murmuré a mi reflejo