Diana se sentó en la cama del piso seguro y se miró las manos.El médico del equipo había pasado veinte minutos con ella. Nada roto. Un corte superficial en el dorso de la mano izquierda, de cuando se metió en el cuarto de limpieza con demasiada prisa y el marco de la puerta le dejó su opinión sobre la velocidad. Desinfectado, vendado, resuelto.El médico se fue.Valentino también, para coordinar con Marcos la transferencia de los archivos a Marta y el análisis de la USB.La habitación quedó solo para nosotras dos.Diana miraba sus manos.Yo la miraba a ella.Había cosas que durante cinco años habíamos dejado sin decir. Cosas que yo había archivado bajo el título provisional de traición y que después, cuando supe más, había reetiquetado bajo otros títulos que tampoco terminaban de encajar del todo porque la realidad de lo que había ocurrido entre nosotras era más complicada que cualquier etiqueta que yo pudiera ponerle.—¿Por qué me lo dijiste? —pregunté finalmente.Diana levantó la v
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