En cuanto el auto se detuvo, Sergey miró a través de la ventana y se tomó un segundo para evaluar el lugar. Frente a él se alzaba un edificio largo de cuatro pisos, de ladrillo marrón. No era tan malo como había imaginado, pero, aun así, le resultaba casi imposible imaginar a Lily viviendo en un sitio como ese.Era demasiado sencillo y estaba lejos de encontrarse en un barrio elegante. Dudaba que un lugar así hubiera estado a la altura de las exigencias de la mujer que ella había sido y podía imaginar lo mucho que debió costarle acostumbrarse a aquella realidad después de haber vivido en una mansión en una de las zonas más exclusivas de New York.—¿Todas las noches haces este mismo trayecto? —preguntó, girándose hacia ella, que ya había dejado de fingir que dormía.Durante todo el viaje, Lily había mantenido la cabeza apoyada hacia atrás y los ojos cerrados, pero Sergey se había dado cuenta de que solo estaba evitando hablar con él.—Sí, aunque hoy el viaje se sintió bastante corto. E
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