Sergey se inclinó sobre Lily y comenzó a dejar un rastro de besos por su espalda, ascendiendo lentamente, mientras una de sus manos recorría el costado de su torso con deliberada lentitud.
Ella soltó un gemido suave cuando sus dedos rozaron sus senos, pero no hizo ningún intento por apartarse.
—Despierta, pequeña caprichosa —susurró cerca de su oído.
—Tienes que dejar de llamarme así —refunfuñó con los ojos todavía cerrados—. No me gusta.
—Lo dejaría de hacer si creyera que de verdad te molest