La noche se cerró sobre la Frontera Norte con un silencio antinatural.No había viento. No había insectos. Incluso los lobos más jóvenes se mantenían inquietos, con las orejas erguidas y los colmillos descubiertos, como si el mundo mismo contuviera la respiración.Astraea estaba de pie en el centro del claro de piedras antiguas.Descalza.La tierra fría bajo sus pies la anclaba a la realidad mientras el cielo se abría sobre su cabeza. La luna llena ascendía lenta, arrogante, bañando su piel con una luz que durante años había significado control, sumisión y destino impuesto.Noah se mantenía a unos pasos de distancia, los brazos cruzados, tenso.—Si algo sale mal —dijo—, romperé el ritual.Astraea asintió sin mirarlo.—No podrás.No era desafío. Era certeza.La presencia antigua se movía bajo su piel, despierta por completo ahora, expectante.Este es el momento, susurró. O te inclinas… o ardes.Astraea alzó el rostro hacia la luna.—Te he obedecido toda mi vida —dijo en voz alta—. Incl
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