Aquel día partí sin decirle nada a Teresa, sin fines de mentirle u ocultarle la verdad, sino porque esto era como un favor a Jorge; no me había comprometido con nada, más que a escuchar la oferta que ellos me darían.Teníamos una vida muy estable, al igual que nuestro trabajo, una nueva casa y ella estaba más que feliz allí, ocupada con sus cosas y los preparativos de la boda.Decirle que estaba viendo otras ofertas de trabajo era alarmarla mucho sin necesidad; no le gustaban los cambios bruscos y era más partidaria de los cambios estables, esos que se hacían poco a poco, nada brusco ni de la noche a la mañana.La ciudad estaba bien, tenía buen clima, parecía muy agradable.Cuando llegué al lugar, tuve un buen recibimiento y todos fueron muy amables. De inmediato me pasaron a la sala donde escucharía la propuesta.No podía pasar todo el día aquí.—Bienvenido, señor Gómez. Es un placer que haya podido hacernos un hueco en su apretada agenda; muchas gracias. Tome asiento, por favor.Hab
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