Después de dejar a Isabel en su destino, el pesado silencio dentro del automóvil finalmente se volvió soportable otra vez. O al menos eso fue lo que creyó Daniel, asumiendo que el peligro había pasado con la salida de su ex.
Porque se equivocaba. Apenas el vehículo detuvo su marcha frente al edificio, Victoria abrió la puerta y bajó inmediatamente, sin esperar a ninguno de los dos hombres ni concederles un solo segundo de cortesía.
Daniel observó a través del cristal cómo su esposa caminaba