Capítulo 184: La Geometría de la AusenciaEl umbral de la pizarra se cerró tras ella con un chasquido final, un sonido de madera seca que pareció decapitar el último vínculo de Astraea con el mundo de la luz. Se encontraba ahora en un pasillo que desafiaba la lógica arquitectónica del palacio Lycan. Las paredes no eran de piedra, sino de un cristal negro tan pulido que reflejaba no solo su figura, sino los pensamientos que ella misma intentaba ocultar. El suelo, cubierto por una alfombra de pétalos de jazmín negro, amortiguaba sus pasos de tal manera que el silencio se volvía una presencia física, una presión en sus oídos que la obligaba a escuchar el latido ajeno que ahora gobernaba su pecho.La dilatación sensorial en este corredor del Reino de la Noche era una trampa para los sentidos. Astraea percibía la frialdad del cristal contra sus palmas, una superficie que se sentía como hielo fundido. El aroma a rosas marchitas, denso y empolvado, se mezclaba con el olor a hierro de la sang
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