Tras visitar todas las estancias a decorar con flores, llegamos a uno de los salones más pequeños, pero al cual le tenía más cariño. Incluso planeaba convertirlo en mi despacho habitual. Me senté detrás del escritorio y lo hice sentar enfrente, para hablar del presupuesto final.—¿Entonces a cuánto asciende el presupuesto para todas las salas de las cuales hemos hablado?Valdés miró la habitación con interés.—¿Esta habitación no la metemos?El salón estaba en manos de la interiorista de Isabella, faltando aún bastantes muebles, un gran acuario marino y, por supuesto, las plantas.—Como ves, este salón aún no está terminado, pero el diseño final no incluye cadáveres de plantas.—Podría ver el diseño. No dudo de su buen gusto, pero en plantas a lo mejor puedo ayudarla a mejorarlo.Saqué el portátil que guardaba en uno de los cajones del escritorio y, cuando tuve el proyecto en pantalla, se lo giré. Valdés tragó un momento viendo el diseño.—Creo que las plantas podrían mejorarse. Con l
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