El silencio que siguió a la partida de Killian Valentine fue más denso que el humo de una explosión.En la mesa de madera oscura, la invitación, dorado y blanco, reposaba junto a un documento legal que parecía quemar la vista de Ridell: una demanda de nulidad matrimonial y una carta de divorcio que exigía su firma.Ridell permanecía de pie, con los hombros tensos y la mirada clavada en el papel.Sus manos, que habían empuñado armas y dirigido hombres en el campo de batalla, temblaban con una furia contenida que amenazaba con destruir todo a su paso.—No voy a firmar —susurró Ridell, su voz era un hilo de acero que cortaba el aire—. No lo haré. Ella no quiere esto. Ella me necesita, y yo no voy a entregarla a ese psicópata con un trazo de pluma.Celine, que se había mantenido en un rincón observando la escena con el rostro bañado en lágrimas, se acercó a su hermano.El dolor en sus ojos grises era el reflejo exacto del tormento de Ridell.—Hermano... —murmuró Celine, tocando su brazo c
Ler mais