POV Elías
Son las tres y cuarto de la madrugada y mi habitación parece una sauna finlandesa, aunque el termostato marca unos escrupulosos veintiún grados.
Me despierto no por el ruido, sino por el calor que irradia el cuerpo que tengo al lado.
Mara se ha destapado completamente. Ha apartado el edredón nórdico de plumón (que yo insistí en mantener porque soy friolero) y yace boca arriba, con los brazos extendidos en cruz y una pierna colgando fuera del colchón.
Está sudando.
Su camiseta de tiran