POV MaraHay algo hipnótico y ligeramente perturbador en ver a un hombre de un metro noventa, con antebrazos de tenista y una concentración de cirujano, planchando un body de recién nacido talla cero.Es domingo por la tarde. Fuera, Madrid se deshace en una lluvia gris y constante que golpea los ventanales del salón. Dentro, huele a "agua de planchado" (sí, Elías compra un agua especial con olor a lino limpio) y a hogar caro.Yo estoy tirada en el sofá, con una manta de lana sobre las piernas, observándole.Elías ha montado la tabla de planchar frente al televisor, aunque no lo tiene encendido. Plancha en silencio. Levanta el body blanco minúsculo, lo extiende sobre la tabla, pasa la plancha de vapor con una pasada firme y decisiva, lo dobla con una precisión geométrica y lo coloca en una pila que parece nivelada con láser.—Sabes que eso es ridículo, ¿verdad? —rompo el silencio.Elías levanta la vista, con la plancha en la mano echando un chorro de vapor hacia el techo.—¿El qué?—Pl
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