Meses después…El tiempo había seguido su curso, implacable y silencioso, como siempre lo hacía. No se detenía por el dolor ni por la alegría; simplemente avanzaba, dejando atrás cicatrices, recuerdos y, en algunos casos, una oportunidad para sanar.Muchas heridas, que en su momento parecían imposibles de cerrar, habían comenzado a cicatrizar. No todas estaban completamente sanas, pero al menos ya no sangraban como antes.La vida, poco a poco, se estaba reordenando.En medio de ese proceso, llegó una noticia que llenó de luz a toda la familia.Verónica había dado a luz.El nacimiento fue tranquilo, casi como un suspiro después de tantas tormentas. La niña, pequeña y delicada, tenía un rostro sereno que parecía prometer paz.La llamaron Oona.Desde el primer momento, Odin quedó completamente cautivado por ella. No podía dejar de mirarla, como si temiera que fuera un sueño que desaparecería si apartaba la vista.Sostenía a su hija con un cuidado casi reverente, como si fuera lo más vali
Leer más