La primera semana encerrada en esta casa que una vez tanto me gustó habitar, no me dejé vencer. Cuando Caleb salía a trabajar o a lo que sea que estuviese haciendo, intenté de todas las maneras posibles forzar las cerraduras de las puertas y ventanas. Incluso intenté romper una ventana, pero eran demasiado resistentes como para poder hacerlo.También intenté el camino de pedirle ayuda a Paige. Ella era la única empleada a la que tenía acceso, mas no me ha querido prestar su celular, ni cedido las llaves de las puertas o claves, por orden de Caleb. Teme que la despidan, no se lo puede permitir, y Caleb le ha convencido de que están buscando dañarme sus enemigos.Para la segunda semana, ya no tenía ganas de nada. Ni de salir de mi habitación, ni de comer. Al escuchar la puerta abrirse, supongo que es Paige intentando que coma la cena.—No tengo hambre Paige. Déjame sola, por favor — pido. Le estoy dando la espalda a la puerta.—No soy Paige, soy yo — dice Caleb.Escucharlo más me decepc
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