Mientras él salía de la sala, Sara miró a Lorena y, enseguida, a Humberto, que no apartaba los ojos de ella. Aquello volvió a dejarla incómoda, sin saber cómo reaccionar ante esa exposición.Lorena tragó su propio odio, forzando una expresión neutra mientras reprimía las ganas de reaccionar. Las manos se cerraron discretamente a los lados del cuerpo, las uñas presionaron la palma como forma de control. No dijo nada. Solo respiró hondo, recordándose a sí misma que debía mantener las apariencias, al menos por ahora.Como no podía hacer nada con Sara en ese momento, Lorena volvió la mirada hacia Humberto, que aún permanecía de pie en la sala.—¿Qué estás esperando? ¿No escuchaste lo que dijo Renato? —cuestionó, con tono áspero.—Ah, claro —respondió él, algo incómodo, todavía con los ojos fijos en Sara.—Yo te ayudo —dijo Sara, tomando una de las maletas para salir de allí con él. En ese instante, lo último que quería era quedarse a solas con Lorena, aún más sin saber qué podría decirle.
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