Cuando vio a Renato salir de allí con una expresión tranquila, como si nada de lo que había oído lo hubiera incomodado, Alessandro apretó los puños con fuerza. Luego lanzó una mirada irritada al barman y pidió otro vaso de bebida.Se lo bebió de una sola vez y se quedó allí, mirando a la nada, pensando en lo que haría a continuación.Desde que conoció a Renato, nunca le gustó su manera de ser. Aun así, la conveniencia lo llevó a acercarse, hasta el punto de convertirse en su mejor amigo. En el fondo, sin embargo, siempre contempló una forma de acabar con su reputación. Para él, ver al amigo exitoso, siempre bien tratado y colocado como el centro de atención, nunca le cayó bien. Nunca le gustó ser el segundo en nada, y mucho menos vivir a la sombra de alguien, sobre todo cuando sentía que podía ser tan exitoso —o incluso más— que él.Así que, cuando percibió que la prometida de Renato le daba apertura, no lo pensó dos veces. No hubo culpa ni vacilación. Simplemente aprovechó la oportun
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