—Ve —dijo Sebastián, haciéndose a un lado para abrirle paso—. Está en la sala de juntas.Camila aceleró el paso de inmediato, pasando junto a él con urgencia. La mirada de Sebastián se mantuvo clavada en ella, cargada de un significado turbio. Sin voltear a verlo, ella sintió esa punzada de pánico, como si estuviera escapando de una escena del crimen.Sebastián observó su figura hasta que desapareció y, lentamente, dejó escapar una sonrisa.Esto se ponía cada vez más interesante.Camila sentía la mirada de Sebastián pegada a la espalda como una sombra, enredándose en ella como una serpiente venenosa. Solo cuando logró entrar a la sala y cerrar la puerta, esa sensación se disipó por completo. Estaba empapada en sudor frío. No quería ni imaginar qué habría pasado si se hubiera encontrado con Sebastián a solas, sin nadie cerca.El miedo la recorrió de nuevo.Para ella, Sebastián era un demonio. Porque él conocía su secreto. ¡El secreto más oscuro, el que jamás debía ver la luz!—¿C
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