Diana sentía su corazón golpear con fuerza contra el pecho. Cada latido parecía amplificado en el silencio. Sus manos, que al principio habían permanecido rígidas a los costados, ahora descansaban contra el pecho de Jeremy— Sí, yo soy virgen — Fue la respuesta de ella, su voz era muy baja, como si tuviera miedo de incluso dar aquella respuesta.Jeremy la miraba con una intensidad que la hacía olvidar cómo respirar y al escuchar lo que Diana dijoz sentía que la sangre de sus venas se disparan. No era una mirada apresurada ni voraz. Era algo más profundo, más contenido. Como si estuviera luchando contra un impulso poderoso y, al mismo tiempo, midiendo cada movimiento con cuidado. —Diana —murmuró, su voz más grave de lo habitual—. Si quieres que me detenga entonces, si aun no estas lista.... Ella negó con la cabeza antes de que pudiera terminar. No confiaba en su voz. Sentía la garganta demasiado seca y el aire demasiado caliente en los pulmones. Pero sus ojos lo decían todo. Jerem
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