CAPÍTULO 16.
DAMIÁN.
El beso dura apenas tres segundos. Tres segundos en los que el mundo entero desaparece. Tres segundos en los que solo existen sus labios suaves contra los míos. Tres segundos en los que siento algo que no había sentido en años—tal vez nunca.
Conexión. Real. Brutal. Innegable.
Pero entonces la realidad me golpea como balde de agua fría.
Estoy besando a mi empleada. Una mujer que conozco hace tres días. Una mujer de la que no sé nada excepto que tiene amnesia y me hace sentir cosas que no