Sofía: En algún momento de la noche me desperté y me asombró sentir el otro lado de la cama vacío. Al parecer me había quedado dormida y Marcelo se había ido. Me incorporé y me envolví en unas sábanas para ver qué estaba haciendo. Era alrededor de la medianoche y la luz de la luna se filtraba por los ventanales de cristal dejando a la vista el camino hacia las escaleras que daban al primer piso. Por un momento pensé encontrarlo en la cocina pero cuando iba a bajar vi por el pasillo que daba a la derecha, una habitación con la puerta abierta. Me acerqué con lentitud y, al asomar la cabeza, el corazón se me llenó de ternura. Marcelo estaba arrodillado frente a la cama de su hijo. El niño estaba dormido y él no estaba haciendo nada, solo lo observaba dormir con la mirada más paternal que vi jamás. En ese momento deseé haber crecido con un padre que me observara de esa forma, un padre al que, al verme, se viera reflejado en sus ojos el sentimiento más puro, el amor hacia un hijo. Lamen
Leer más