Sofía:
Tras secarnos y vestirnos decidimos bajar a desayunar. El olor a huevos fritos con beicon me estremeció mientras bajaba las escaleras. En el comedor solo se encontraba Favio vestido aún con un pijama de cuadros frente a una enorme mesa de cristal. Sus cejas se alzaron de sorpresa en cuanto me vio y yo me avergoncé al instante. Le había insistido a Marcelo que no era buena idea que supiera que me había quedado a dormir pero me aseguró que el niño no tendría problema alguno con eso. Recé