43. Besos acalorados.
~Ivette~El aire se me estaba acabando, lo sentía. En medio de esa negrura los recuerdos llegaron a mí como para atormentarme. Me vi de nuevo a los siete años, encerrada en aquel clóset viejo de la granja abandonada.Jugábamos a las escondidas, pero la puerta se trabó y me quedé ahí horas, tragando polvo y oscuridad, hasta que mi abuela me encontró pálida y casi sin fuerzas. Desde ese día, los lugares cerrados eran mi peor pesadilla; sentía que las paredes se movían, que se hacían chiquitas para aplastarme y robarme el oxígeno.—Necesito aire... se está acabando —balbuceé, sintiendo que el corazón me iba a estallar en el pecho por lo rápido que galopaba. Traté de calmarme, de pensar en el campo, en el aire libre, pero no podía. Mis manos empezaron a golpear el metal frío del ascensor a ciegas, buscando una salida que no existía.—¡Maldita sea, Ivette, detente! —oí la voz de Rowan soltando una maldición frustrada. Sentí sus manos grandes buscándome en la oscuridad hasta que me agarró
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