65. No te perdono
Gael
El pueblo aparece ante mí después de horas de carretera, pero apenas soy consciente del camino que he recorrido. Todo lo que puedo sentir es la presión constante en el pecho, esa mezcla insoportable de culpa, urgencia y miedo que no me ha abandonado desde que vi la noticia.
No sé qué voy a encontrar al llegar.
No sé si Anabel estará llorando.
No sé si estará furiosa.
No sé siquiera si me dejará entrar.
Pero sé una cosa con absoluta claridad: no puedo dejar que enfrente esto sola.
Cuando f