El castillo se siente distinto esta mañana.
No es algo que pueda señalar con precisión, no hay gritos ni órdenes desmedidas, pero el aire está más denso. Los pasillos están llenos de pasos rápidos, de murmullos que se apagan cuando alguien más se acerca. Incluso los guardias parecen más rígidos, más atentos. Como si todos respiraran un poco más corto.
La llegada del alfa de la manada Luna Creciente no es oficial aún, pero la noticia ya ha hecho su trabajo. Se ha instalado bajo la piel de todos.