91. No es momento de correr
Alaric El aire en la frontera de Luna Creciente huele distinto. Más húmedo. Más denso. Más cargado de una falsa tranquilidad que no me engaña. Detrás de los árboles, a unos cuantos cientos de metros, comienza el territorio de Patrick. Cincuenta de mis hombres están desplegados en semicírculo, ocultos entre la maleza, esperando mi señal. Ismael permanece a mi derecha. Mel, terca como siempre, no se ha separado de nosotros ni un solo paso desde que salimos del castillo. Mateo revisa por última vez las posiciones.Yo miro hacia el horizonte y siento el peso del momento sobre mis hombros.El vínculo late dentro de mi pecho como una herida abierta. Ya no es solo un hilo. Es una cuerda tensa que vibra cada vez que ella sufre. No está aquí, lo sé. Lo confirmé. Pero eso no significa que Luna Creciente vaya a salir ilesa.Ismael rompe el silencio.—¿Cómo quieres hacerlo?Su voz es baja, controlada, pero lo conozco lo suficiente para saber que también está conteniendo su propia furia.Desvío
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