91. No es momento de correr
Alaric
El aire en la frontera de Luna Creciente huele distinto. Más húmedo. Más denso. Más cargado de una falsa tranquilidad que no me engaña. Detrás de los árboles, a unos cuantos cientos de metros, comienza el territorio de Patrick.
Cincuenta de mis hombres están desplegados en semicírculo, ocultos entre la maleza, esperando mi señal. Ismael permanece a mi derecha. Mel, terca como siempre, no se ha separado de nosotros ni un solo paso desde que salimos del castillo. Mateo revisa por última