Alaric
Cruzamos la frontera sin anunciarlo con palabras, pero el territorio lo siente. Siempre lo siente. La tierra cambia bajo mis botas, el aire se espesa, y el frío de Luna Creciente se mete en mis pulmones como un desafío.
Levanto la mano y mis hombres se despliegan tal como lo acordamos.
Tres columnas.
Sombras al frente y por los flancos.
La primera línea entra visible, firme, marcando presencia. No corren. Caminan. Como si ya fueran dueños del lugar. Es la distracción. Lo suficientemente