95. No quedará nadie en pie
Alaric
La noche todavía pesa sobre el campamento cuando escucho su voz.
No es un sonido real. No es algo que los demás puedan oír. Pero para mí es tan claro como si estuviera susurrando a mi lado.
“Alaric… ¿puedes oírme?”
Todo mi cuerpo se tensa.
El mundo se detiene.
Me pongo de pie de un salto, tan brusco que varias cabezas se giran hacia mí alrededor de la hoguera donde mis hombres descansan. No les explico nada. No puedo. El corazón me golpea el pecho con una fuerza salvaje mientras me alejo