96. No tienes que hacer esto
Lyra
El golpe de la puerta cerrándose todavía resuena en mi cabeza cuando salgo del baño.
El agua caliente apenas ha logrado quitarme la tierra y el polvo del cuerpo, pero no la sensación pegajosa de miedo que parece haberse instalado bajo mi piel. Me seco el cabello con una toalla áspera mientras observo la habitación por enésima vez.
Es más pequeña que la de la cabaña.
Mucho más.
El techo es bajo. Las paredes son de concreto desnudo. No hay ventanas. Solo una lámpara amarillenta colgando del