Moviendo los labios, Kevin pensó en replicarle a su exmujer, pero desistió. Simplemente se volteó y se acercó a la cama.—Yo también quiero mucho ir a Francia —comentó Kevin con el niño. —Quiero mucho ir a París, dar un paseo por Euro Disney. ¿Quiere ir?—¡Sí! —respondió Bryan, animado.—No, tú no vas a ir, Bryan —Justine se entrometió.—¿Por qué, mami? —indagó el niñito, haciendo pucheros.—Aún te estás recuperando.—La herida en mi cabeza está mejor, mami —dijo Bryan.—Hace unas horas, usted iba para Francia, ¿no entiendo por qué desistió? —alegó Kevin en un tono crítico.Justine suspiró, absorbiendo el aire fresco que entraba por la ventana abierta. Si se quedaba en aquella ciudad, Andrew no escatimaría recursos para atormentarla.—¡Vamos, mami, por favor! —Bryan insistió.—Lo voy a pensar, hijo.Mientras el niño jugaba con el padre, Justine se quedó admirando la escena. Durante los últimos años, ella no imaginó que, un día, su hijo conocería a su papá.Más tarde, Kevin estaba leye
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