El momento pasó, pero la tensión permaneció. Claudia, siempre oportunista, no perdió tiempo en atacar.—Siempre te las arreglas para causar problemas, Alexander —se burló—. ¿A qué viene este numerito ahora, como si de verdad te importara?—¡Tú!—Silencio... —Malcolm, recuperando el aliento, levantó una mano temblorosa, silenciando tanto a Claudia como a Alexander—. Alex... —raspeó—. Deberías haber... investigado los antecedentes de Beth adecuadamente antes de casarte con ella. ¿Cómo pudiste cometer un error tan grande?El ceño de Alexander se profundizó. Su mirada osciló entre su abuelo y los rostros de suficiencia de Claudia y Franklin.—Ustedes... —gruñó con una comprensión creciente—. ¡Investigaron a Beth a mis espaldas!—No nos mires así —dijo Franklin con gravedad—. Sí, la investigué. No podíamos aceptar a una mujer cualquiera como parte de esta familia. ¿Y si es una impostora que finge ser tu salvadora? Simplemente estábamos velando por ti.Alexander bufó, con la ira hirviendo e
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