Ryan subió a su coche, puso la marcha y pisó el acelerador a fondo, siguiendo al taxi amarillo a una distancia prudente. Los minutos pasaban y las calles de la ciudad se volvían borrosas mientras rastreaba al vehículo. Finalmente, este se detuvo frente a un edificio conocido: el mismo complejo de apartamentos donde solía vivir Beth.
Al ver a Beth y a sus amigos entrar en el edificio, sintió una mezcla de traición y confusión.
—Mintió —murmuró Ryan, con los nudillos blancos de tanto apretar el v